Cuando pensamos en carreras en STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas— muchas veces imaginamos laboratorios, ecuaciones complejas o profesiones que parecen lejanas para muchos estudiantes. Pero la realidad es que, para miles de jóvenes en Puerto Rico, el verdadero reto no es la falta de talento; es la falta de acceso.

A veces damos por sentado que todas las personas conocen las oportunidades que existen dentro de estas áreas. Sin embargo, trabajando de cerca con estudiantes, escuelas y comunidades alrededor de Puerto Rico, he aprendido que muchas veces el primer acercamiento de un joven a STEM ocurre cuando alguien simplemente le muestra que sí es posible.

Mi camino profesional no comenzó en las ciencias. Estudié comunicaciones y teatro, siempre atraído por las historias, la creatividad y la conexión humana. Nunca imaginé que terminaría trabajando en iniciativas STEM, pero precisamente esa experiencia me permitió entender algo importante: la ciencia también necesita personas que sepan comunicar, conectar y crear espacios donde otros puedan verse reflejados.

Dentro del Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico, he tenido la oportunidad de colaborar en iniciativas como TecLab, Hexagon 3D Printing Lab, Smart Island y los Premios Azmat Assur, programas que buscan acercar experiencias educativas a estudiantes de distintas partes de la isla. Una de las lecciones más grandes que me ha dejado este trabajo es que el talento está en todas partes; a veces, solo falta acercarles esa posibilidad.

He visto estudiantes del sur de Puerto Rico visitar por primera vez el área metro gracias a actividades educativas. Jóvenes que nunca habían entrado a Science City o conocido espacios dedicados a la innovación. Estudiantes brillantes que, al recibir una oportunidad, descubren intereses, capacidades y aspiraciones que quizás nunca habían considerado posibles. Ahí es donde uno entiende el verdadero impacto de estos programas.

No se trata solamente de ofrecer talleres o actividades. Se trata de crear exposición. De abrir puertas. De permitir que un estudiante pueda verse a sí mismo dentro de un laboratorio, una empresa tecnológica, una universidad o liderando un proyecto científico en el futuro. Y eso requiere esfuerzo colectivo.

Detrás de cada iniciativa hay coordinación, planificación, alianzas con escuelas, visitas comunitarias y personas comprometidas con llevar estos recursos más allá del área metropolitana. Porque si queremos construir un Puerto Rico más competitivo e innovador, tenemos que asegurarnos de que las oportunidades también lleguen a comunidades que históricamente han tenido menos acceso.

Lo más poderoso de este trabajo ocurre en los momentos más simples: cuando un estudiante hace una pregunta con curiosidad genuina, cuando una familia agradece una experiencia educativa o cuando un joven comienza a creer que sí tiene espacio dentro de STEM. Esos momentos son los que nos recuerdan por qué esto importa.

Porque al final del día, impulsar STEM no es solamente desarrollar futuras carreras científicas. También es ayudar a los estudiantes a descubrir posibilidades que antes no podían imaginar. Y muchas veces, todo comienza con alguien que les dice: “Tú también puedes estar aquí”.

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Detrás de cada iniciativa hay coordinación, planificación, alianzas con escuelas, visitas comunitarias y personas comprometidas con llevar estos recursos más allá del área metropolitana.

Por: Marcos Crespo
Program Operations Support Coordinator, STEM Program