Barreras de acceso para la atención de la salud mental

El estigma sobre la salud mental sigue siendo una realidad. Algunas personas sienten vergüenza de hablar sobre lo que están viviendo, escribe Zulma Robles.

September 2, 2026

Hay personas en nuestras comunidades que han aprendido a vivir con sus necesidades de salud mental sin recibir atención. No porque no necesiten ayuda, sino porque llegar hasta ella puede ser demasiado difícil.

Como promotora de salud comunitaria, he tenido la oportunidad de conocer historias que me han hecho comprender que una barrera de acceso a la salud no siempre es una puerta cerrada. A veces es una cita que nunca llega, un servicio demasiado distante, la falta de transportación, el desconocimiento de los recursos disponibles o simplemente el temor de pedir ayuda.

Algunas de las personas que he acompañado en mi clínica comunitaria de Cossao en Utuado, me han contado que no reciben servicios de salud mental desde el huracán María. Años han pasado desde entonces. Para quienes viven en comunidades rurales, trasladarse 45 minutos o hasta una hora para recibir atención puede convertirse en una dificultad que termina dejando la salud mental en segundo plano.

Es ahí donde mi trabajo cobra un significado especial.

Actualmente, como parte de mi labor, participo en un estudio de salud conductual que busca acercar servicios de salud mental a personas de nuestras comunidades. Lo que he podido observar durante este proceso me ha confirmado que la investigación científica puede tener un impacto profundamente humano.

Para muchas personas, participar en un estudio no se siente como formar parte de una investigación. Se siente como encontrar finalmente una puerta abierta a lo que antes estaba cerrado. Logran acceso a profesionales altamente capacitados y a servicios de calidad. Y, detrás de ese proceso, hay alguien que los acompaña. Ese es mi rol.

Cuando una persona reconoce que necesita ayuda, mi trabajo es facilitarle el camino. Explico el proceso, contesto sus preguntas en arroz y habichuelas, ayudo a coordinar el servicio y doy seguimiento. Intento que no se sienta perdida frente a un sistema que, para alguien que lleva años sin recibir atención, puede parecer complicado.

En este proceso he descubierto que la distancia no es la única barrera.

El estigma alrededor de la salud mental continúa siendo una realidad. Algunas personas sienten vergüenza de hablar sobre lo que están viviendo. Otras temen ser juzgadas o piensan que pedir ayuda es una señal de debilidad. Por eso, antes de hablar de servicios, muchas veces hay que construir confianza.

Y la confianza no se exige; se gana. Se gana escuchando sin juzgar, respetando el ritmo de cada persona y demostrando que pedir ayuda no cambia el valor ni la dignidad de nadie.

Mi experiencia también me ha permitido ver el rostro humano de la investigación científica. Detrás de cada participante hay una historia que merece ser escuchada y una persona que solicita tener acceso a servicios de salud de calidad, independientemente de dónde viva. Cuando acercamos la salud mental a nuestras comunidades, no estamos simplemente ofreciendo un servicio, estamos legitimando el derecho a sanar.

*La autora es promotora de salud comunitaria del Instituto de Salud Pública de Puerto Rico, programa adscrito al Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico.

Acerca del Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico

El Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico, tal como se describe en la Ley Pública 214, es una organización sin fines de lucro creada en 2004 para promover la participación y creación de empleos en la isla en la economía global del conocimiento mediante la promoción de la inversión y el financiamiento de la investigación y el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Al invertir en investigación y comercialización de tecnología, el Fideicomiso sirve como catalizador para la creación de empleos y la retención de residentes de la isla altamente calificados y, a menudo, bilingües. También es responsable de la política pública de Puerto Rico para ciencia, tecnología, investigación.