Desde la década de 1990, el Monopoly ha permitido a generaciones experimentar, a través del juego, con conceptos como inversión, oferta, demanda y estrategia. Pero en una tienda de economía circular, donde objetos donados encuentran una segunda oportunidad, me encontré con una versión que proponía mirar el juego desde otro tablero: el de las mujeres inventoras.
Al abrir la caja, descubrí historias sobre inventos y aportaciones científicas desarrollados por mujeres alrededor del mundo. Cada recuadro en el tablero contaba una historia: Hedy Lamarr y sus investigaciones relacionadas con tecnologías de comunicación inalámbrica; Mária Telkes y sus aportaciones a la energía solar; y Ann Tsukamoto, cuyo trabajo en células madre contribuyó a la investigación médica.
Entonces apareció una historia mucho más cercana: la de la ingeniera puertorriqueña Olga D. González-Sanabria, cuyo trabajo en sistemas de almacenamiento de energía contribuyó a tecnologías utilizadas en la Estación Espacial Internacional.
El juego me llevó así a una pregunta que, desde mi trabajo en comunicación científica, resulta inevitable: ¿qué sucede con una investigación después de descubrirla?
En Puerto Rico, una parte de la respuesta puede comenzar con una patente.
Datos del Technology Transfer Office (TTO) del Puerto Rico Science, Technology & Research Trust (el Trust), muestran que durante 2025 se presentaron 47 nuevas solicitudes de patente y que las mujeres representaron el 44 % de las divulgaciones de invenciones. El TTO mantiene además 200 patentes y solicitudes bajo manejo, conectando la investigación con la protección de propiedad intelectual y las oportunidades de comercialización.
Las cifras adquieren mayor significado cuando se escuchan junto a las historias de las propias investigadoras. Durante la conversación Women Researchers: From the Lab to the Patent, como parte del Spark Sessions del Trust, Suranganie Dharmawardhane Flanagan, Michelle Martínez-Montemayor, Idhaliz Flores, Beatriz Zayas y Dalice M. Piñero Cruz compartieron sus experiencias al recorrer ese camino.
Una de las ideas centrales de la conversación resume el desafío:
“La innovación no ocurre en aislamiento; ocurre cuando conectamos ciencia, propiedad intelectual y emprendimiento para llevar el conocimiento a donde puede generar verdadero impacto.”
Para Idhaliz Flores, investigadora de Ponce Health Sciences University, ese proceso también requiere cambiar la manera en que los científicos miran sus descubrimientos. La publicación suele ser uno de los objetivos principales de la investigación, pero cuando existe potencial de aplicación surge otra pregunta: cómo proteger ese conocimiento para que pueda convertirse en una solución.
Una investigación puede permanecer en un laboratorio o iniciar un recorrido que incluya una patente, desarrollo tecnológico, inversión, una empresa y, finalmente, un producto o servicio.
Ese tránsito requiere colaboración. Las investigadoras destacaron la importancia de contar con mentores, especialistas en propiedad intelectual, oficinas de transferencia tecnológica, expertos en negocios y equipos interdisciplinarios que permitan llevar una idea científica a su siguiente etapa.
El TTO ocupa precisamente ese espacio de conexión: ayuda a evaluar el potencial de una invención, proteger la propiedad intelectual y acercar las tecnologías desarrolladas en Puerto Rico a oportunidades de desarrollo y comercialización.
Por eso, las cifras de patentes no son solamente números. Representan ideas que comienzan a salir del laboratorio y que tienen la posibilidad de convertirse en tecnologías, empresas y soluciones para la sociedad.
Quizás esa sea la conexión más poderosa con aquel juego encontrado en un estante. Una patente también representa una jugada: la decisión de reconocer que una idea tiene valor, protegerla y apostar por su futuro.
En Puerto Rico, las mujeres ya están haciendo esa jugada. Están convirtiendo conocimiento en propiedad intelectual, propiedad intelectual en innovación y, con el apoyo de un ecosistema que conecta ciencia y emprendimiento, abriendo caminos para que sus descubrimientos lleguen al mundo.
Una investigación puede permanecer en un laboratorio o iniciar un recorrido que incluya una patente, desarrollo tecnológico, inversión, una empresa y, finalmente, un producto o servicio.
Una investigación puede permanecer en un laboratorio o iniciar un recorrido que incluya una patente, desarrollo tecnológico, inversión, una empresa y, finalmente, un producto o servicio.
Por: Sarai Domínguez Vázquez
Lead Content Marketing
Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico


