La acuacultura, o acuicultura -el cultivo controlado de peces- surge como una vía para fortalecer un sistema alimentario más sostenible. Aunque el 70% del planeta está cubierto de agua, apenas usamos una fracción mínima de ese espacio para producir alimento. La pesca artesanal e industrial, además, enfrenta retos como la sobrepesca, lo que hace urgente desarrollar fuentes complementarias. 

Ante ese panorama, el Dr. David Miranda decidió construir una respuesta propia: Cultimar Technologies, empresa que se ha nutrido del apoyo de varios programas del PRSTRT.  

Programas como Research Grants, Parallel18 (BioLeap, Pre-18, y P18) y Acércate al Grant de Colmena66 han respaldado la propuesta del doctor Miranda a través de subvenciones para investigación, mentoría de negocios, e inversión para continuar fortaleciendo su tecnología. 

De MIT de vuelta a Puerto Rico y a la ciencia marina 

La historia de David comienza en Carolina, Puerto Rico. De ahí se muda a Boston para estudiar Ingeniería de Materiales en MIT. Fue durante su doctorado que descubrió cómo aplicar biomateriales al campo de la agricultura, investigando junto a profesores en proyectos orientados a mejorar tratamientos para pacientes. 

Ese conocimiento técnico, sin embargo, encontró un nuevo propósito: llevar la ciencia de vuelta a la Isla. A través de fondos de investigación de Research Grants del Trust, David consiguió el respaldo económico para desarrollar un proyecto que uniera biología marina e innovación tecnológica. 

Países como Noruega y Chile ya llevan años desarrollando acuacultura a gran escala. El reto de Cultimar era distinto: recrear, con precisión, el hábitat y las condiciones de profundidad de una especie tropical que tanto nos gusta en Puerto Rico -el chillo- algo que nadie había logrado antes a esta escala. 

La innovación: un biorreactor hecho para el chillo 

Con esa subvención, David diseñó un biorreactor de biología marina capaz de replicar los parámetros óptimos de crecimiento para especies tropicales de profundidad. A través de sensores, el sistema controla en tiempo real las condiciones necesarias para el desarrollo saludable de estos peces.  Cultimar se convirtió así en uno de los primeros proyectos a nivel mundial en lograr el cultivo controlado del chillo. 

El corazón del sistema es su tecnología de recirculación de agua: una serie de filtros que limpia el agua en múltiples etapas. Primero, un filtro mecánico retira partículas grandes; luego, un proceso de purificación ultravioleta elimina patógenos, y finalmente el agua se oxigena antes de regresar al sistema. El resultado es un ciclo prácticamente cerrado que, además, reduce significativamente la huella ambiental asociada al transporte de pescado importado. 

Desmontando mitos: cautiverio vs. “wild caught” 

Existe la creencia popular de que el pescado capturado en su hábitat natural es automáticamente superior al cultivado. Pero los estudios científicos cuentan una historia más matizada: el océano, en muchas regiones, está expuesto a contaminación, derrames y variables que nadie controla. 

En sistemas como el de Cultimar ocurre lo contrario: cada parámetro de calidad del agua se monitorea de forma constante, gracias al sistema de recirculación y a las medidas de control implementado, algo que ya se practica en países con acuacultura desarrollada mediante sistemas de jaulas. 

Un punto importante: los peces de Cultimar no son genéticamente modificados.

Se reproducen dentro de su propio hábitat controlado, mediante ingeniería de precisión, no de manipulación genética. La primera cepa partió de chillos salvajes, organizados en parejas dentro de tanques diseñados para favorecer su reproducción natural. Los huevos fertilizados se capturan y pasan a una segunda etapa como larvas carnívoras, el punto más delicado del ciclo de cultivo. 

Un motor de desarrollo económico 

Más allá de la innovación científica, Cultimar tiene una visión de impacto económico: la producción de alimento a través de acuacultura puede generar empleos en comunidades pesqueras de distintas regiones de la Isla, sin necesidad de intensificar la presión sobre las poblaciones silvestres de peces. Mientras David aún cursaba su doctorado, con el respaldo de un fondo de $50,000 en la Universidad de Miami, el proyecto ya distribuía sus primeras muestras a restaurantes en Puerto Rico, una prueba temprana de que la ciencia podía convertirse en producto. 

Un aliado, no un competidor, del sector pesquero 

Cultimar no busca reemplazar la pesca tradicional, sino complementarla. Su tecnología abre nuevas oportunidades y recursos para el sector pesquero, y podría convertirse en una herramienta clave durante las temporadas de veda: un ingreso alterno para los pescadores mientras las especies silvestres tienen tiempo de reproducirse. 

¿Qué sigue? 

Cultimar Technologies continúa innovando en distintos frentes: optimizar el biorreactor, desarrollar nuevas soluciones de alimentación y mejorar los procesos de transporte. El equipo también mira hacia afuera, a jurisdicciones donde la acuacultura ya tiene un andamiaje regulatorio maduro, como referencia para seguir escalando su modelo en Puerto Rico.Desde Arecibo, este startup demuestra que la ciencia, cuando se combina con propósito, puede transformar no solo lo que comemos, sino de dónde viene. 

¿Tienes o conoces a alguien con una tecnología o investigación con potencial a comercializar? La incubadora de biociencias de Parallel18, BioLeap tiene convocatoria abierta para su próximo cohorte, BioLeap Gen.4. Conoce más aquí: https://parallel18.com/bioleap/  

Más allá de la innovación científica, Cultimar tiene una visión de impacto económico: la producción de alimento a través de acuacultura puede generar empleos en comunidades pesqueras de distintas regiones de la Isla.

Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico

Por Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico