Llevo cerca de 25 años en esto. Empecé antes de que “ecosistema emprendedor” fuera una frase que la gente usara en Puerto Rico, antes de que existieran los aceleradores, las competencias de pitch y las rondas para levantar capital que hoy vemos con más frecuencia. De hecho, a modo de referencia histórica, empecé a los 18 años asistiendo a los Diálogos de Autogestión, que en aquel entonces eran lo que movía al “ecosistema emprendedor” y que se reunieron consecutivamente durante 25 años, hasta la llegada del huracán María. Cuando fundé el Centro para Emprendedores en 2012, la palabra “emprendedor” todavía cargaba con cierto peso, como si fuera sinónimo de “no consiguió trabajo” en lugar de una decisión deliberada.Y esto cambió en los últimos quince años. 

Hoy, Puerto Rico tiene más recursos para emprender de los que ha tenido en toda mi trayectoria: incentivos, programas universitarios, capital que antes no existía, una diáspora que invierte y sirve desde afuera, organizaciones como Colmena 66, el Centro Unido de Detallistas, la banca encabezada por el movimiento que inició Banco Popular de Echar Pa’lante apostando con intención por el pequeño y mediano negocio. Esto es algo que tenemos que celebrar como ecosistema. Es la diferencia entre un emprendedor tocando puertas solo y otro con un sistema detrás. 

Pero el ecosistema todavía tiene un problema sin resolver: la fragmentación. Hay recursos, pero están dispersos. Un emprendedor puede pasar meses buscando la guía de financiamiento, el mentor y el contador correctos, sin saber que ya existe alguien que hace exactamente eso a dos millas de su negocio. Ese ha sido el reto que más veo repetirse en 25 años de trabajo directo con emprendedores: no es falta de recursos, sino de conexión entre ellos. Todavía hoy, cuando doy una sesión de mentoría, en la gran mayoría de las veces, el dueño de ese negocio no conoce las alternativas que tiene. Todavía hoy, muchos dueños de negocios operan en solitario. 

De ahí nació todo lo que he construido, no como proyectos aislados, sino como piezas de un mismo sistema. El Centro para Emprendedores, para la formación, y Emprende Notas nace para contar lo que pasa en el ecosistema, en español, para conectar Puerto Rico con oportunidades que surgen en Latinoamérica y con la diáspora en Estados Unidos. 

Emprende Notas empezó como un espacio de contenido. Hoy se ha convertido en una plataforma que conecta al ecosistema con la gente que lo necesita, no solo con historias de negocio, sino también con recursos concretos: dónde buscar financiamiento, qué programas existen y qué está funcionando para otros negocios. Ahí nació La Guía de Financiamiento y Servicios para PYMES como un recurso que permite a los dueños de negocios, según la etapa en la que se encuentren, identificar en un mismo lugar el proceso de financiamiento más adecuado. 

Las alianzas institucionales que hemos ido construyendo con la banca y con organizaciones de base como el Fideicomiso para Ciencia y su programa Colmena 66 y el Centro Unido de Detallistas me confirman: el ecosistema no necesita más actores compitiendo por el mismo emprendedor. Necesita actores que se pasen la bola. Que un banco confíe en referir a un programa de mentoría, que un programa de mentoría confíe en referir a una plataforma de contenido y que esa plataforma refiera de vuelta al banco. Eso es un ecosistema que funciona. Lo demás son organizaciones aisladas que usan la misma palabra de moda. 

Si algo he aprendido en estos 25 años, es que el emprendimiento no transforma vidas por sí solo; lo hace cuando cuenta con un sistema que lo respalde y con apoyo en las distintas etapas de la vida de una empresa y de su fundador. Un negocio sin una contabilidad clara no sobrevive al segundo año. Un emprendedor sin comunidad se rinde solo, sin nadie que le diga que lo que siente es normal. Una idea sin visibilidad se queda como una idea. El ecosistema no es un lujo: es la diferencia entre el emprendedor que se convierte en un empresario que perdura y aquel que no. 

La oportunidad que veo ahora, la que más me entusiasma, es que Puerto Rico finalmente tiene la masa crítica para dejar de pensar en programas sueltos y empezar a pensar en un sistema. Tenemos las piezas. Lo que falta es intención: decidir conectarlas de verdad, no solo mencionarlas en el mismo panel de una conferencia. 

Eso es lo que llevamos construyendo: la apuesta a que el emprendimiento, con acompañamiento, información y conexión, sigue siendo la herramienta más poderosa que tenemos para romper ciclos de pobreza en Puerto Rico. Después de 25 años, no he encontrado ninguna razón para pensar distinto. 

Puerto Rico tiene más recursos para emprender de los que ha tenido en toda mi trayectoria: incentivos, programas universitarios, capital que antes no existía, una diáspora que invierte y sirve desde afuera, organizaciones como Colmena 66… apostando con intención por el pequeño y mediano negocio.

Nerma Albertorio Barnés

Por Nerma Albertorio

Líder en Emprendimiento | Innovación Social | Desarrollo Empresarial & Fundadora

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